Colaboración Amarillo - Santana - Vera

El sábado 9 amanecí bien temprano, me bañé y me tomé un café en el silencio de la casa (algo que escasea bastante teniendo en cuenta que en ella habitan 3 niños). Ese sábado era mío, lo había ansiado durante semanas y se estaba concretando. Me subí al auto y puse la lista del EFD en Spotify mientras pensaba "hoy se hace historia". En el camino, reconocí un rostro del glorioso asado feminista del 22/4, le toqué bocina y le hice un gesto de "¡subí que yo voy para ahí también!". Y Maite se subió, aunque la arrimé 2 cuadras pedorras, pero el nivel de excitación y manija sorora me hizo creer que le daba tremendo aventón. Llegamos. Ahí estaban ellas, con sus pañuelos color fucsia, esas enormes mujeres que se pusieron al hombro la organización. Todas en una sincronía perfecta.

Me arrimé a Lucía, amiga querida de hace años. Siempre estuvimos cerca pero esto nos acercó aún más. Mateamos un rato y como en épocas de facultad acordamos sentarnos juntas. De repente alguien dijo "vamos a empezar". Se abrieron las puertas del auditorio y ahí estaba ella. Organizando, resolviendo, estoica, empoderada. Se me infló el pecho de orgullo. Ella era mi hermana, o mejor dicho, yo era la hermana de ella.

Fotografía: Almendra Santana.

El EFD me acercó a un montón de hermosas mujeres pero me unió aún más a mi hermana Amalia. Nosotras, las del medio, las que una vez quedamos al margen de un hecho decisivo de nuestra familia, nosotras las que vamos al frente, las que nos reímos con solo mirarnos, las que cantamos a dos voces, las más políticas de las cuarto hermanas, nos encontrábamos en un proyecto maravilloso y POLÍTICO. Yo llegué acá por ella, como directa o indirectamente llegamos todas. Yo me definía feminista hace años pero ella me aportó sustancia.

Todo el Encuentro fue enorme, histórico. Cada charla, cada aporte, conocer historias de mujeres empapadas y comprometidas, debatir en un plenario, fundar y ser parte de la piedra fundacional de este Encuentro de Feministas Diversas. Me sentí viva, me sentí libre.

Podría escribir páginas y páginas reseñando cada momento pero elijo uno en particular. Las palabras de Lilián me hicieron lagrimear varias veces. Su tiempo en el calabozo apartada de sus hijos, su concepto sobre la maternidad y la militancia me hicieron poner en perspectiva mi actual situación, sucumbida en una rutina demoledora de hijos y trabajo. Me dió esperanza, ahora empieza mi militancia y cada grano suma. Y si bien ahora creo que por ellos no tengo tiempo de nada, sé que a la larga la lucha será por, para y CON ellos.

Arriba compañeras, esto recién comienza y ¡juntas somos poderosas!

Fotografía: Natalia Vera.
Malena Amarillo